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Sobre las semillas

Foto: Steve Alexander. www.temporarytemples.co.uk

Cada semilla es un pensamiento. Cada pensamiento, cada afecto y cada acto son una semilla. Cada árbol y cada fruto y cada flor están ya en la semilla. Cada pájaro que canta se alimenta de semillas. Cada semilla es una promesa: de vida, de canto y de alimento. Cada semilla se rompe a sí misma para penetrar la Tierra, y luego el Cielo y los vientres de los animales, para nutrirlos. La semilla, por pequeña y pura y humilde, es la criatura perfecta, la piedra del Alquimista, el punto de apoyo: el origen.

La lucha por las semillas es la lucha por el Origen, por la Tierra, por las criaturas que no tienen voz, por el pájaro y por el árbol, por la gente que se rompe las manos y la espalda para ofrecernos los frutos y vencer la miseria. ¿Quienes son entonces los miserables?

Los miserables quizá somos todos. Pues la semilla es un símbolo que nos toca profundamente, a todos. Todos, en el fondo, sabemos lo que significa la semilla: la promesa de la vida, la vida concentrada, la vida en pura potencia. La semilla es la criatura en la que se anuda toda la vida. no en vano se dijo que “el Reino de los Cielos se encuentra en un grano de mostaza”. Un grano de mostaza es una semilla. Y el Reino de los Cielos no es otra cosa que la vida. La semilla es el arquetipo de la vida, de la pura y concentrada y potente vida. El crimen consiste en que todos hemos alterado la Vida. La Vida nos muestra las formas, los códigos y las leyes con que funciona. La vida, por ejemplo, da continuamente, como el árbol da los frutos. la vida crece, hacia arriba y hacia abajo, hacia lo alto y hacia lo profundo. la vida coopera. A veces, sí, en apariencia mata. Pero la vida no puede matar: la vida, cuando parece que mata, en realidad transforma, recicla, reusa y recompone. la muerte es una idea inventada por nosotros, quienes creemos que podemos morir. Nosotros, que creemos que estamos aislados y tenemos que luchar. Y al luchar, dejamos de cooperar. Y al dejar de cooperar, dejamos de dar. Y al dejar de dar, simplemente dar, pensamos que tenemos que obtener. Por eso le robamos a la vida, explotamos a los reinos y nos succionamos unos a otros. Y cuando explotamos y vampirizamos, dejamos de crecer como la vida, y nos hacemos nimios y miserables. Porque hemos roto los códigos de la vida. Por eso el cáncer: la reproducción descontrolada y desbordada de células sin un sentido. como las ciudades o las grandes trasnacionales: que se reproducen y se inflan desbordadamente, sin sentido, succionando la vida a su alrededor y en su interior. Todos nosotros hemos roto los códigos de la vida. Que algunos alteren del código genético de las semillas y quieran lucrarse de ello a toda costa es sólo el símbolo de lo que todos, de una u otra forma, hemos hecho. Lo único que realmente podemos hacer para revertir este proceso de raíz es prestar atención de nuevo a la Vida: a sus leyes, a sus formas, a sus códigos y movimientos. Prestar atención es respetar profundamente, dejar que la Vida se muestre y nos enseñe. Que nos lleve de nuevo a su centro. Prestar atención es realizar la íntima conexión que tenemos con todo lo vivo, “con todo lo que crece”, como dice el viejo Ent del Señor de los Anillos. Quizá solo entonces podamos ver nuestras semillas, nuestros pensamientos, volver a tener la pura potencia que les corresponde.

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